Suavemente el silencio mece los velados hilos que salen de la brasa del cigarro que se consume y los arrastra hacia la luz.

La fresca brisa vase al ocaso, como llevada por el peso de la caída del sol poniente. Más que fresca, fría. Más que brisa, viento... el mismo que se acaba de llevar los enormes nubarrones de la tormenta. Y sus relámpagos, los truenos y los rayos y los centollos.

Aún llueve. Aún así, ¿quién puede negarles el primer remojón de otoño en esa charca de plasticos confeccionada en oriente (la pis-China)?. De esa manera, en el baño y bajo la lluvia, despedimos el verano.

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